“Los
Miserables”: soñando con una vida mejor.
Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, una industria
cinematográfica que arriesgaba y en la que los actores tenían que
demostrar sus talentos y hacerse merecedores de cada reconocimiento
que recibieran... Éste es un homenaje a su memoria.
Sinopsis: Jean Valjean
ha cumplido su condena y debe comenzar una nueva vida; pero jamás
podrá dejar atrás su miserable pasado. Fantine hará lo necesario
para asegurar el bienestar de su pequeña, por muy miserable que sea.
Y en París las cosas no marchan bien para todos, por lo que el
pueblo intentará tomar el control en un amago de salir de la
inmundicia en que están sumidos...
Tras el éxito del musical que
lleva el mismo nombre y basado en la novela homónima de Víctor
Hugo, nos llega esta apuesta cinematográfica que respeta la
adaptación realizada por Alain Boublil y
Claude-Michel Schönberg
para los teatros (música incluida). Así pues, en esta ocasión
comenzaremos por elogiar el apartado musical de este film, ya que es
el elemento principal del mismo.
Musicalmente, nos encontramos
ante un conjunto de piezas llenas de fuerza y sentimientos
enfrentados, que en algunos momentos podrían recordarnos a la
grandiosidad de la música de aquellas grandes producciones
históricas del Hollywood de los años cuarenta y cincuenta.
Por supuesto, la música no
tendría ese efecto sobre el espectador de no ser por la correcta (y
en muchos casos sorprendente) interpretación de sus actores, capaces
de compaginar la interpretación con la expresividad que cada canción
requiere a través de sus voces. A su principal protagonista, Hugh
Jackman (Kate &
Leopold, Australia, etc.)
ya habíamos tenido ocasión de apreciar sus dotes artísticas sobre
el escenario en una gala de los Oscars y en algún musical en
Broadway; pero no por ello deja de ser admirable su trabajo en la
película.
En el mismo caso nos
encontraríamos a Amanda Seyfried
(Mamma Mía, Cartas a Julieta...), Helena Bonham
Carter (Sweenny Todd,
La novia cadáver, etc) o
Sacha Baron Cohen
(Madagascar, Brüno...),
cuyas voces ya habíamos oído cantar con anterioridad.
La sorpresa llega de la mano de
una espléndida Anne Hathaway
(Princesa por sorpresa, El diablo viste de Prada...), con
una interpretación breve pero intensísima; Eddie
Redmayne (Mi semana
con Marilyn, Garra negra...),
con un hermoso potencial vocal hasta ahora desconocido, y Russell
Crowe (Master &
Commander, Gladiator...),
quien no siendo tampoco un gran cantante, combina a la perfección la
interpretación de su personaje con la expresividad musical que
requiere en cada momento.
Por supuesto, no podemos obviar
el grandioso trabajo artístico que hace posible el transportarnos a
la lúgubre París (anterior a la tarea de “limpieza” emprendida
por Napoleón III), con sus estrechas y angostas callejuelas; y el
maravilloso vestuario diseñado para la ocasión por el canario Paco
Delgado.
A la cabeza de todos ellos, Tom
Hooper (El discurso
del rey), guiando un
complejo proyecto, un tanto ambicioso y arriesgado para los tiempos
que corren, pero que tan magistralmente consiguió resolver.
Cierto que la película es algo
extensa en su duración (más de dos horas y media), pero si (como a
mí) lo que le gusta es disfrutar de los múltiples elementos que
componen un film, desde luego no tendrá ocasión para aburrirse.

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