miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los miserables


Los Miserables”: soñando con una vida mejor.

    Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, una industria cinematográfica que arriesgaba y en la que los actores tenían que demostrar sus talentos y hacerse merecedores de cada reconocimiento que recibieran... Éste es un homenaje a su memoria.

     Sinopsis: Jean Valjean ha cumplido su condena y debe comenzar una nueva vida; pero jamás podrá dejar atrás su miserable pasado. Fantine hará lo necesario para asegurar el bienestar de su pequeña, por muy miserable que sea. Y en París las cosas no marchan bien para todos, por lo que el pueblo intentará tomar el control en un amago de salir de la inmundicia en que están sumidos...

    Tras el éxito del musical que lleva el mismo nombre y basado en la novela homónima de Víctor Hugo, nos llega esta apuesta cinematográfica que respeta la adaptación realizada por Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg para los teatros (música incluida). Así pues, en esta ocasión comenzaremos por elogiar el apartado musical de este film, ya que es el elemento principal del mismo.

    Musicalmente, nos encontramos ante un conjunto de piezas llenas de fuerza y sentimientos enfrentados, que en algunos momentos podrían recordarnos a la grandiosidad de la música de aquellas grandes producciones históricas del Hollywood de los años cuarenta y cincuenta.

    Por supuesto, la música no tendría ese efecto sobre el espectador de no ser por la correcta (y en muchos casos sorprendente) interpretación de sus actores, capaces de compaginar la interpretación con la expresividad que cada canción requiere a través de sus voces. A su principal protagonista, Hugh Jackman (Kate & Leopold, Australia, etc.) ya habíamos tenido ocasión de apreciar sus dotes artísticas sobre el escenario en una gala de los Oscars y en algún musical en Broadway; pero no por ello deja de ser admirable su trabajo en la película.
    En el mismo caso nos encontraríamos a Amanda Seyfried (Mamma Mía, Cartas a Julieta...), Helena Bonham Carter (Sweenny Todd, La novia cadáver, etc) o Sacha Baron Cohen (Madagascar, Brüno...), cuyas voces ya habíamos oído cantar con anterioridad.
    La sorpresa llega de la mano de una espléndida Anne Hathaway (Princesa por sorpresa, El diablo viste de Prada...), con una interpretación breve pero intensísima; Eddie Redmayne (Mi semana con Marilyn, Garra negra...), con un hermoso potencial vocal hasta ahora desconocido, y Russell Crowe (Master & Commander, Gladiator...), quien no siendo tampoco un gran cantante, combina a la perfección la interpretación de su personaje con la expresividad musical que requiere en cada momento.

    Por supuesto, no podemos obviar el grandioso trabajo artístico que hace posible el transportarnos a la lúgubre París (anterior a la tarea de “limpieza” emprendida por Napoleón III), con sus estrechas y angostas callejuelas; y el maravilloso vestuario diseñado para la ocasión por el canario Paco Delgado.

    A la cabeza de todos ellos, Tom Hooper (El discurso del rey), guiando un complejo proyecto, un tanto ambicioso y arriesgado para los tiempos que corren, pero que tan magistralmente consiguió resolver.

    Cierto que la película es algo extensa en su duración (más de dos horas y media), pero si (como a mí) lo que le gusta es disfrutar de los múltiples elementos que componen un film, desde luego no tendrá ocasión para aburrirse.

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