“ No se lo
digas a nadie”: qué malo es guardar un secreto...
Resulta fácil aceptar el compromiso de no contar un secreto a los
demás, pero qué complicado es mantenerlo... Y más aún cuando
sabes que podría cambiar la vida de alguien a quien aprecias.
Sinopsis: Hace ocho
años Alex perdió a su mujer en un brutal asesinato, hecho que
recuerda cada año en la misma fecha.Pero es ahora cuando comienza a
recibir mensajes que le hacen dudar de lo que pasó aquella noche, e
incluso de su muerte...
Basada en la novela de Harlan
Coben, y con guión y
dirección de Guillaume Canet
(Mon idole, Pequeñas mentiras sin importancia),
llega esta producción francesa que podríamos encuadrar dentro del
thriller de misterio. Se trata del segundo largometraje dirigido por
Canet y
su primer guión (a excepción de algún corto), resultando bastante
interesante la forma de llevarlo por el montaje elegido, que procura
no tratar al espectador como un ser inerte, sino que inevitable y
casi insconscientemente será llevado a intentar entender qué está
pasando, como si fuéramos el mismísimo doctor
Alexandre Beck.
Respecto al elenco, destacar el
buen hacer de su protagonista, François Cluzet
(Pequeñas mentiras sin importancia, Intocable),
quien sin ser un actor excepcionalmente increíble, transmite muy
bien la angustia e incertidumbre por las que pasa su personaje. Junto
a él, una serie de actrices y actores de apariciones relativamente
breves, pero que no pasan desapercibidas en lo que a calidad
interpretativa se refiere: Gilles Lellouche
(Los infieles, París), Kristin Scott Thomas
(El paciente inglés,Una familia con clase) o
el mismísimo Guillaume Canet
(La playa, La guerra de los botones)
entre otros.
En lo que a la imagen se refiere,
nos encontramos con una interesante mezcla de realismo y
cinematografía (entendiéndola como la “ficción del cine” en lo
que a los planos y calidad de imagen se refiere), de la que poco se
podría criticar negativamente. Bien realizada, encuadres bien
elegidos, y un tratamiento de la luz natural y creíble (incluso en
las escenas nocturnas).
Musicalmente, si bien no es nada
extraordinario el trabajo que Mathieu Chedid
(Un monstruo en París)
hace para este film, tampoco se sale de lo que la trama requiere
(intriga, incertidumbre y un poco de acción).
Interesante por los
acontecimientos que en el guión van acaeciendo, y que nos saca del
típico thriller de misterio norteamericano “masticado” al que
estamos acostumbrados. Una película que se empieza viendo por
curiosidad y se termina intentando destripar.
Un film para aquellos que busquen
una de misterio policíaco, pero no les apetezca tener el cerebro
inerte.

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