La
ciencia
y tecnología
están
presentes
actualmente en todos los ámbitos de nuestra vida: en el ocio, en el
trabajo... ¡hasta en la salud! Pero aún no han
conseguido vencer el único obstáculo insalvable del ser humano: la
muerte. O quizás sí puedan
hacerlo...
Sinopsis:
Un
científico ha conseguido grandes avances en el desarrollo de la
denominada Inteligencia Artificial, hasta el punto de simular lo que
parece ser una especie de "consciencia" similar a la del
ser humano. Pero al acercarse su inminente muerte decide ir más
allá, y "permanecer" en el mundo de los vivos
transfiriendo la suya propia a la máquina.
La
base de este film es
el primer guión original escrito por Jack
Plagen,
para ser dirigido por Wally
Pfister,
siendo también para éste su primer trabajo como realizador (si bien
es conocido por ser un gran director de fotografía, con títulos a
sus espaldas como Origen,
la nueva trilogía sobre Batman
(Batman begins, El Caballero oscuro, El caballero oscuro: la leyenda
renace)
o Memento
entre
otras).
Así
pues, nos encontramos con una historia mezcla de ciencia ficción y
suspense que, sinceramente, no creo apta inteligiblemente para todos
los espectadores; llegando en su conjunto a recordar a la idea
subyacente del guión de Matrix.
El
elenco elegido para la ocasión, si bien no es posiblemente el que
mejor pudiera reflejar una historia como ésta, cumple bastante bien
con su misión. Primeramente cabría hablar de un Johnny
Depp
(Eduardo Manostijeras, La novena puerta, La ventana secreta...)
que se sale de su registro "burtoniano" para interpretar no
sólo a un hombre, sino a su consciencia, a lo etéreo de su cerebro,
y haciéndolo óptimamente.
Junto a él Rebecca
Hall
(El retrato de Dorian Gray, Vicky Cristina Barcelona),
a la altura del experimentado Depp y muy convincente en su
interpretación.
Pero
no podemos tener la misma consideración con las interpretaciones de
Paul Bettany
(El Código Da Vinci, Margin Call, La duda de Darwin...),
la cual resulta (a mi humilde parecer) un paso atrás en su creciente
madurez interpretativa, o de Cillian
Murphy
(Batman begins, Luces rojas)
quien pareciera haberse encasillado en este tipo de personajes.
En
la dirección de fotografía encontramos a Jess
Hall
(La duda de Darwin, Regreso a Brideshead),
con un resultado un tanto peculiar fruto de la elección por parte de
Pfister
de la película fotográfica para cine
(de 35mm)
en lugar de la cinematografía digital imperante (lo cual tuvo que
dificultar la tarea a Hall,
puesto que la iluminación no permitiría retoque tan fácilmente).
De
la cuestión musical se encargaría Mychael
Danna
(La vida de Pi, La verdad oculta...),
creando para la ocasión una banda sonora que encaja perfectamente
con el ritmo y tono general del film, entre el suspense y la
ambientación de lo que trascendiende lo meramente físico. Un
trabajo encomiable.
Una
película para ver con la mente abierta, dispuesta a aceptar que
podría ser perfectamente factible en un tiempo más que cercano. No
apta para quien sólo guste de historias reales "masticadas".
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