lunes, 1 de julio de 2013

El Albergue de la Sexta Felicidad


El Albergue de la Sexta Felicidad”: Lucha por aquello en lo que crees.





   Hace tan sólo unas semanas me encontré con una agradable sorpresa en televisión. Me dispuse a ver lo que creía una película romántica con ideales, de aquellos clásicos de los años cincuenta... cuando me encontré con un film de principios que bien podrían aplicarse a mi vida actual. Una mujer con un sueño y muchos obstáculos, pero que no se rinde, que confía en sí misma y en su objetivo y luchará por ellos hasta el final; todo ello enlazado con valores tan firmes como los de la cultura china (o cualquiera oriental), pero primando ante todo el respeto hacia el otro.



   Sinopsis:

   Gladys Aylward (Ingrid Bergman) es una mujer británica cuyo único deseo es ser misionera en China, pero no resulta tan fácil de llevar a cabo como ella pensaba. Una vez que llega, se encuentra con personas de todo tipo, desde británicos y chinos dispuestos a ayudarla a desarrollar su misión y favorecer su integración en dicha sociedad; hasta miembros de la comunidad que, por una razón u otra, no entienden la razón de su presencia. Éste será el caso del Capitán Lin Nan (Curd Jürgens), quien no tardará en cambiar su punto de vista hacia esta foránea. Su misión fructificará especialmente entre los niños, y su fama se extenderá hasta el mismísimo Mandarín (Robert Donat), quien contará con ella como elemento imprescindible en su gobierno.

   Pero la guerra llega a la región, y su misión evoluciona hacia la salvación de los niños a los que tanto ama.



   Por supuesto no podemos obviar la correspondiente mención a la inmejorable interpretación de Ingrid Bergman, quien es capaz de transmitir a la vez tanta ternura como fuerza y coraje. Junto a ella, Curd Jürgens no se queda atrás, si bien sus apariciones son más breves y esporádicas como para poder emitir un juicio mayor sobre él; y Robert Donat en el papel del Mandarín, a quien se comienza temiendo, pero pronto conquistará nuestros corazones.



   Pero si algo realmente cabe destacar de este film es la historia que narra (basada en una novela de Alan Burgess, y a su vez en una historia real) y los valores que transmite. Frente a lo que pudiera parecer, no es una película sobre el amor o sobre la caridad, ni siquiera sobre la cristiandad; es una película sobre el respeto, sobre la tolerancia y la comprensión, hacia el extranjero, hacia otras creencias, hacia otras formas de ver y vivir la vida... Es una película sobre el valor, sobre la fe en uno mismo y en los ideales o sueños que perseguimos.



   Llámelo “utopía”, llámelo “sueño”... Llámelo “Optimismo” y “Determinación”.

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