“El
Albergue de la Sexta Felicidad”: Lucha por aquello en lo que crees.
Hace tan sólo unas semanas me encontré con una agradable sorpresa
en televisión. Me dispuse a ver lo que creía una película
romántica con ideales, de aquellos clásicos de los años
cincuenta... cuando me encontré con un film de principios que bien
podrían aplicarse a mi vida actual. Una mujer con un sueño y muchos
obstáculos, pero que no se rinde, que confía en sí misma y en su
objetivo y luchará por ellos hasta el final; todo ello enlazado con
valores tan firmes como los de la cultura china (o cualquiera
oriental), pero primando ante todo el respeto hacia el otro.
Sinopsis:
Gladys Aylward (Ingrid
Bergman) es una mujer británica cuyo único deseo es ser
misionera en China, pero no resulta tan fácil de llevar a cabo como
ella pensaba. Una vez que llega, se encuentra con personas de todo
tipo, desde británicos y chinos dispuestos a ayudarla a desarrollar
su misión y favorecer su integración en dicha sociedad; hasta
miembros de la comunidad que, por una razón u otra, no entienden la
razón de su presencia. Éste será el caso del Capitán Lin Nan
(Curd Jürgens), quien
no tardará en cambiar su punto de vista hacia esta foránea. Su
misión fructificará especialmente entre los niños, y su fama se
extenderá hasta el mismísimo Mandarín (Robert
Donat), quien contará con ella como elemento
imprescindible en su gobierno.
Pero la guerra llega a la región, y su misión evoluciona hacia
la salvación de los niños a los que tanto ama.
Por supuesto no podemos obviar la
correspondiente mención a la inmejorable interpretación de Ingrid
Bergman, quien es capaz de transmitir a la vez tanta ternura como
fuerza y coraje. Junto a ella, Curd Jürgens no se queda atrás, si
bien sus apariciones son más breves y esporádicas como para poder
emitir un juicio mayor sobre él; y Robert Donat en el papel del
Mandarín, a quien se comienza temiendo, pero pronto conquistará
nuestros corazones.
Pero si algo realmente cabe destacar
de este film es la historia que narra (basada en una novela de Alan
Burgess, y a su vez en una historia real) y los valores que
transmite. Frente a lo que pudiera parecer, no es una película sobre
el amor o sobre la caridad, ni siquiera sobre la cristiandad; es una
película sobre el respeto, sobre la tolerancia y la comprensión,
hacia el extranjero, hacia otras creencias, hacia otras formas de ver
y vivir la vida... Es una película sobre el valor, sobre la fe en
uno mismo y en los ideales o sueños que perseguimos.
Llámelo “utopía”, llámelo
“sueño”... Llámelo “Optimismo” y “Determinación”.
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