lunes, 29 de julio de 2013

El mejor padre del mundo


El mejor padre del mundo”: ¿Qué verdad prefieres?

    Acabo de ver una película que no me ha dejado indiferente. Aparentemente normal en su comienzo, extraña en su desarrollo, y sorprendente y profunda en su final.

                                                                    Sinopsis:

    Lance Clayton (Robin Williams) es un profesor y escritor fracasado (en todos los ámbitos de su vida) con un hijo adolescente, Kyle (Daryl Sabara), con sus peculiaridades propias de la edad, algunas de las cuales más potenciadas que otras...No puede ya luchar contra él, pues la única respuesta que encuentra es el desprecio de un hijo y su autohumillación. Pero todo cambia en el momento en que Kyle muere. Es entonces cuando, casi accidentalmente, el profesor Clayton comienza a ser reconocido. Su hijo pasa a ser un ídolo póstumo de masas, y gracias a su padre...

    Pero todo ascenso tiene un límite, un tope, una meta... Y el ser humano tiene una capacidad de aguante para todo aquello que tiene lugar a su alrededor (incluso si él mismo lo ha buscado). ¿Hasta qué punto sería usted capaz de aguantar, o de disimular, o de mantener una mentira vigente? Decir la verdad, ¿es siempre la mejor opción? Y ¿qué verdad: la que se quiere decir o la que quieren oír?

    Robin Williams es un actor que habitualmente nos tiene acostumbrados a otro tipo de personajes, siendo su tendencia general la trágico-cómica, personajes en los que mezcla su humor con un trasfondo psicológico, emocional o moral (El Indomable Will Hunting, El Club de los Poetas Muertos, Ilusiones de un Mentiroso...). En este caso nos encontramos con un Williams profundo, maduro personal e interpretativamente, de cuyo personaje no sabemos qué opinión forjarnos o qué juicio emitir.
    Él es el centro en torno al cual gira realmente la película. El personaje de su hijo, correctamente defendido por Daryl Sabara, es sólo un pretexto para dar pie al desarrollo moral del personaje de Robin Williams.

    Un guión interesante, una idea original (al menos a juicio de una servidora), con múltiples lecturas morales de la que cada espectador deberá forjarse la suya propia: lo éticamente correcto y lo que no, el valor y merecimiento de los halagos o desprecios, la dualidad entre la verdad y “su” verdad...

    A mi humilde parecer, el momento culmen de la película llega prácticamente al final, cuando calidad interpretativa, resolución de dualidades, imagen y música construyen una secuencia magnífica que dice mucho sin decir absolutamente nada (más que la letra de la canción que suena en ese momento, y que va como anillo al dedo a la película y al momento en sí).

    Un film del denominado Cine Independiente muy recomendable si quiere realizar un ejercicio de profundización en sus propios principios morales. Para todos aquellos que alguna vez se han sentido “bajo presión” en sus vidas...

    Y usted, ¿qué verdad prefiere?

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